EL PRINCIPIO DE LA HISTORIA

Sonó el despertador. Otro día más.

Casi por automatismo, se metió en la ducha, se vistió, se lavó los dientes, se peinó…y todo sin mirarse el espejo; le horrorizaba la imagen que veía reflejada en él, además, tampoco se atrevía a mirarse desde que dejó de verse en las pupilas de él.
Bajó las escaleras y susurró un tímido “buenos días” que su madre contestó con una retahila de órdenes que empezaban todas con la frase: “No te olvides de…”.Olvidar; ojalá ella lo pudiera conseguir, pero era incapaz, todavía lo buscaba cuando salía de casa incluso, a veces, parecía que lo oía en los pasillos del instituto y luego la veía a ella, detrás de él, como escondiéndose de ella para sorprenderla con su presencia.
Olvidar… qué fácil sonaba pero qué difícil resultaba.
Se bebió la leche de un trago y, mientras su padre le decía que tenía que desayunar más porque un día se iba a desmayar por ahí y que el desayuno era una de las comidas más importantes del día, subió las escaleras, cogió la mochila, que todavía estaba en el mismo sitio tal y como la había dejado cuando volvió del instituto el día anterior, y se marchó.
Cuando salió de casa, la calle parecía mucho más ancha y larga de lo que era, el camino hacia el instituto le parecía mucho más largo, el cielo estaba mucho más oscuro, el aire pesaba y le costaba mucho respirar. Permaneció allí, en la puerta de su casa, inmóvil, mirando al infinito. Miró a un lado y al otro esperándole. Pero nunca llegó, nunca volvería a venir. Su hermano pequeño la devolvió a la realidad:
-¡Aparta!
Lo miró con indiferencia y se dirigió al instituto.
El instituto no era uno de sus lugares favoritos. Desde que pasó aquello, tenía la sensación de que todos la miraban, la señalaban y hablaban de ella. Antes de aquello, no es que fuera muy popular: el instituto se dividía en dos: aquellos de los que todo el mundo quería ser su amigo, y aquellos a los que todo el mundo consideraba raros; ella no estaba en ninguno de esos grupos. Había construído su mundo con él y con ella, los tres iban siempre juntos…pero aquello no se volvería a repetir. Miró con cierta nostalgia la pulsera que los tres tenían y que se habían comprado en el viaje de fin de curso de 4º de ESO y sabía perfectamente que ya sólo le quedaba el recuerdo de aquel viaje a Marruecos, aquel país cambió todo.
De repente, aquella sensación la volvió a sorprender: sintió ese escalofrío, ese temblor, las manos empezaron a sudarle, sintió que la cabeza le estallaba, no, por favor, otra vez no…no estaba preparada para eso otra vez, no, se negaba a sentirlo otra vez…era demasiado tarde. Pidió permiso para ir al baño y, allí, se miró al espejo: la cara que vió no era la suya.

(He aquí el principio de lo que será nuestra historia, ahora, le toca a MERITXELL CUBELLS seguirla)

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